Tiempo

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Me he convencido a mi misma de que el día está compuesto por pequeñas batallas que libramos cada hora. Decisiones que muchas veces sin saberlo componen nuestra manera de ser, de actuar y con los años nuestra vida.
Desde el año pasado estoy pensando en la idea del tiempo como algo muy abstracto a lo que los humanos queremos (sin conseguirlo) controlar. Sé lo necesario que es cuando se trata de sanar heridas, para poner en práctica nuestra paciencia (o nuestra fé) y cuando queremos olvidar ciertas cosas, como sentimientos o incluso personas.

Me consigo muchas veces al día regalándome a mi misma por revisar las noticias, me digo que una cosa es estar informada y otra completamente obsesionada con lo que ocurre a diario que por cierto, es demasiado para cualquiera. Venga desde aquí un abrazo muy fuerte a los periodistas que diariamente tienen que reportar todo lo que pasa en el país.
Ayer, me conseguí una noticia que intenté ignorar, que no quise investigar pero no se si el evitarla fue peor porque la foto que temía encontrarme llegó de la manera más absurda. Unos ¿cuerpos de seguridad del Estado? (no sé como llamarlos) decidieron dispararle a un perro en el ojo. Los tweets eran sacados de una película de terror y fui testigo como la ira se apoderó de mi cuerpo una vez más.
Ser venezolano es agotador…

Cambiar el nombre de mi blog a mi nombre personal fue justo para esto, para poder escribir lo que quisiera, cuando quisiera, para no atarme a un solo tópico sino para hablar de todos ellos. Me parece importante hacer la salvedad.

Las malas noticias nos golpean a cachetadas con cada día que pasa, me consigo llorando en el baño cuando leo sobre la historia de algún menor de edad que murió a manos de la represión. Me dibujo imágenes en la mente de cómo se sentirá su familia, de qué pasaría si lo hubiese conocido… A veces a regaños me detengo a mi misma, mi cabeza me juega sucio y hace que acumule rabia, odio y rencor. Intento tratar de entender ¿por qué una persona haría estas cosas? y sé que es una pregunta inútil porque no tenemos la misma naturaleza.
Sentir compasión y empatía es una virtud que los medios o el entorno se empeña en hacernos creer que ya no existe. Tengo una fé quizás ingenua que cree que los buenos somos más pero no hacemos suficiente ruido.

Me consigo leyendo, viendo videos en Youtube, meditando a medias y dibujando mandalas para tratar de contrarrestar la rabia y el malestar de estar en manos de corruptos, de asesinos. Termino aceptando mi naturaleza humana y a veces dejo que el odio invada mi cuerpo, no soy santa ni pretendo serlo e ignorarlo a veces me produce acidez.
Pienso en lo importante que es perdonar y sé de antemano que es una decisión propia, que no hace falta que “el otro” me pida perdón para yo hacerlo pero me topo con una respuesta caprichosa de mi ego que dice una y otra vez que no, que no le da la gana. Como cuando era niña y no me quería tomar la sopa, yo no quería ceder.

Dejo que pase el tiempo…

Comienzo a identificar todo lo que me hace perder el centro, ya no para evitarlo porque evitarlo significa vivir una mentira. No hay esfuerzo ni gloria en vivir feliz cuando todo está tranquilo, lo realmente importante es estar feliz justo cuando todo es un caos, como ahora.

¿Lo logro? ¡Casi nunca!… Este no es un post par decirles un montón de consejos sobre como mantener la calma, o como combatir el estrés (que fue un video que grabé hace semanas, por cierto).
Este post es solo un desahogo y un recordatorio para que pase lo que pase… deje pasar el tiempo.

Author: Zahamira G. Cassis

Youtuber a tiempo completo y Comunicadora Social